Existen una variedad de causas que pueden contribuir directa o indirectamente a la extinción de una especie o un grupo de especies, considerándose como premisa el echo de que, generalmente, la extinción se debe a la fulminación de un recurso del cual dependen todas y cada una de las especies, ya sea por parte de la acción del hombre, o simplemente a cambios en el ecosistema de la especie producto de hechos fortuitos.
Los animales que habitan esa zona, se encuentran en peligro de extinción, ya que no están habituados a tales condiciones y a veces les resulta imposible adaptarse a dichos cambios, comprometiéndose seriamente la continuidad y supervivencia de su especie.
Entonces, cualquier especie que sea incapaz de sobrevivir o reproducirse en su ambiente, y que tampoco pueda trasladarse a otro nuevo donde sí sea capaz de realizar estas cosas, muere y se extingue. La extinción de una especie puede suceder de improviso, por ejemplo, cuando la polución convierte a un hábitat en inhabitable; o puede ocurrir gradualmente a través de incluso cientos de millones de años, como puede pasar cuando la especie en cuestión paulatinamente pierde la competición por el alimento frente a otras especies mejor adaptadas.